La reactivación, modernización y explotación intensiva de la minería del plomo desde mediados del siglo XIX, bajo el protectorado de la Hacienda pública y acogida a la nueva legislación minera (Leyes de 1849 y 1859), supuso para Linares el ciclo expansivo más destacado de toda su Historia Moderna.
La que desde el siglo XVI había mantenido la estructura y funcionamiento social de una villa rural sufre un profundo cambio, a veces traumático, que afecta a la demografía, el urbanismo, la cultura, la educación, etc. En los quince años comprendidos entre 1860 y 1875, cuando Alfonso XII le concede el título de Ciudad, la población pasa de 12.342 habitantes a 36.630.
El urbanismo está marcado por el inacabado "Plan de Ensanche" de 1875. De calles anchas y rectilíneas, donde predominan las casas de vecinos de dos o tres plantas, con fachadas de perfecta simetría en sus vanos y equilibrada conjunción del ladrillo rojo con la piedra arenisca autóctona (asperón), no exentas de filigranas, motivos y claves artísticas en sus elementos de adorno.

Se puede comenzar el recorrido modernista de Linares por el Mercado Central de Abastos, ejemplo, junto con la Estación de Madrid y el Hospital marqueses de Linares, de los edificios Públicos que transformaron el plano urbanístico de linarense en esa necesidad de dotarse de infraestructuras adecuadas a la prosperidad y el vitalismo social de esta época de la ciudad. El Mercado Central de Abastos, diseñado por el arquitecto municipal Francisco de Paula Casado y Gómez se hizo realidad entre 1903-1906, como indica la cartela adosada en la parte superior de su fachada principal. Esta mercado, de una sola planta y de estilo ecléctico, imperante en la época de su construcción, aunque con influencia mudéjar, es una gran nave de muros sólidos y mampostería, revestidos con ladrillo rojo y piedra en los zócalos, molduras en los vanos y placas de azulejos en la cornisa.
Desde este Mercado por la calle Santiago llegamos a la Plaza del Ayuntamiento, donde se halla el Palacio Municipal, construido entre 1865-1876 bajo la dirección del arquitecto Jorge Porrúa Moreno, en los mismos terrenos donde, con anterioridad, había existido el Cabildo linarense. Este noble edificio, de piedra, de dos plantas, está ligado a la más esplendorosa historia de Linares del siglo XIX. De su modelo arquitectónico destaca su fachada principal de estilo neoclásico, con una balaustrada que precede al balcón principal, construido éste a mediados del siglo XX, sustituyendo a la lonja cercada que existió en su modelo original.
Desde el Ayuntamiento hacia las Ocho Puertas encontramos los edificios del antiguo Banco Central y Banco Hispano ambos con gran empaque arquitectónico. Otros edificios con las características antes enunciadas -conjunto de ladrillo rojo con la piedra arenisca- son: el antiguo edificio que fue del Círculo Cultural "El Liceo" (Pasaje del Comercio), la Casa de los Córdoba (C/ Canalejas) o el destinado en su creación a Monte de Piedad y Caja de Ahorros en la calle Sagasti, desde donde continuamos nuestro recorrido por la zona este de la ciudad, en la que podemos apreciar un conjunto de edificios de excelente traza estilística, especialmente en calles como Marqués de Linares, Doctor, la Plaza de Colón o la Plaza de Alfonso XII, pertenecientes en su mayoría y origen a reconocidas familias particulares de alto nivel económico.
Nuestra siguiente visita la centramos en el Hospital "Marqueses". Construido entre 1905-1917, gracias a la generosidad testamental de los marqueses de Linares, con él se palió en una gran parte el alarmante problema socio-sanitario que venían padeciendo multitud de familias del entorno laboral minero. Es éste uno de los hospitales más bellos de Andalucía con planta en forma de H y espaciosos patios ajardinados, tanto interiores como exteriores. De su fachada, con basamento de piedra y ladrillo rojo, sobresalen el cuerpo central de estilo neogótico y dos cuerpos laterales rematados con cornisas escalonadas. En el interior, además de sus grandes salas, debemos destacar la capilla y la cripta, donde desde mayo de 1918 descansan los restos mortales de los marqueses, trasladados desde Madrid a Linares por su expresa voluntad testamentaría. Esta cripta es una maravillosa obra de arte construida por Lorenzo Coullaut Valera, de la que destacan el conjunto arquitectónico y su decoración artística, así como las figuras yacentes de los marqueses, obra que le valió a su autor el segundo premio en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

Y finalmente, volviendo en nuestro recorrido por la zona Este de Linares, de sabor modernista, llegaremos hasta el Paseo de Linarejos, no sin antes toparnos con los pocos detalles que no se alteraron en 1954 de los Jardines de Santa Margarita, donde destacan el cerco en piedra y sus ornamentos también realizados en piedra. El Paseo de Linarejos fue construido en 1978 y desde entonces es referencia costumbrista de los ciudadanos de linares. Hacia su mitad se levanta la Estación de la línea Madrid-Zaragoza-Almería llamada comúnmente Estación de Madrid. Construida en 1928 sobre un trazado rectangular, su fachada de piedra y ladrillo rojo de estilo ecléctico, con reminiscencias neo-mudéjares e innovaciones modernistas, representa un vagón de ferrocarril invertido. Esta estación sustituyó a la estación de Mediodía, ubicada en su anexo desde 1860, cuando se hizo necesaria una vía ferroviaria que uniera Linares con la estación de Vadollano, -a siete kilómetros de Linares- y además con ramales extendidos hacia el coto minero de Arrayanes y las fundiciones adyacentes al mismo (La Cruz y San Luis), que conformaban el contorno de la periferia extra-urbana linarense.
La simbología de esta estación debemos enmarcarla dentro del historicismo local como máxima representante del dinamismo que alcanzó, desde entonces, el ferrocarril en Linares, ciudad que llegó a consolidar cinco estaciones de tren: la mencinada Estación de Madrid; la de Almería; la Zarzuela (o de "Andaluces"); la de Linares-La Carolina y la de Vadollano, todas ellas construidas con el objetivo común de facilitar y abaratar costos a la industria minera con los medios de locomoción adecuados para el transporte de combustibles (sobre todo carbón, de la que el la propia estación de Madrid hubo una empresa suministradora) y las manufacturas del plomo, metal del que dependió el progreso linarense del siglo XIX y buena parte del XX.
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