
En la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo con el aumento demográfico que experimentó Linares como consecuencia de su alto nivel de productividad, tuvo lugar una nueva reestructuración del trazado arquitectónico de la ciudad. Junto a viviendas destinadas a familias trabajadoras, se construyeron zonas residenciales para la burguesía con bellas casas de piedra y balconada de hierro forjado. Es en esta época cuando se remodelan zonas ajardinadas como el Paseo de la Virgen de Linarejos, la Plaza de Santa Margarita y la Plaza Colón y se construye la Plaza de Toros, lugar emblemático no sólo para los linarenses sino también para todos los que viven de cerca la tan arraigada fiesta nacional.
Comienza su construcción en 1843, y es en el año 1875, coincidiendo con el ascenso de Linares a rango de ciudad, cuando continúa la fase de reestructuración y embellecimiento del mismo. Comienza en la Plaza denominada hoy de la Constitución por haberse ubicado en ella un monumento dedicado a la Constitución de 1978, consistente en una fuente de mármol blanco y una escultura símbolo de la paz. De 500 metros de longitud y 30 metros de ancho, se compone de una calle central y dos laterales más estrechas. Al margen de la variada vegetación que exhibe, cabe destacar las farolas de hierro fundido de estilo modernista y los bancos de azulejos que aluden a diversos establecimientos existentes en nuestra ciudad. En su extremo norte se encuentra la Glorieta de América, donde se erige el monumento en bronce al universal guitarrista Andrés Segovia, obra del escultor Julio López Hernández.
 |